¿Qué tanto postergas las cosas?

¿Qué tanto postergas las cosas?

¿Qué tanto postergas las cosas?

¿A cuántas personas no les ha pasado el siguiente ejemplo?

Mmmm tengo que hacer el análisis de las encuestas, bueno son las 10:20 mejor reviso un poco las redes sociales y a las 11:00 lo empiezo… A muchas no es cierto.

Pues muy bien hoy hablaremos de la Procrastinación, no es más que el hábito de retrasar las actividades o situaciones que deben atenderse, o sustituyéndolas por otras más irrelevantes o agradables. Cuando dicha actitud se vuelve habitual, la procastinación se convierte en un trastorno del comportamiento que puede llegar a requerir atención psicológica.

Las personas  pueden procrastinar sus tareas en diferentes ámbitos. En el caso de un niño, la procastinación puede aparecer cuando decide quedarse frente a la computadora o al televisor en lugar de completar la tarea escolar que debe entregar, por citar una posibilidad. El pequeño no asume la responsabilidad, sino que la aplaza y reemplaza la realización de los deberes por otra actividad.

Los adultos pueden desarrollar procastinación cuando demoran una visita al médico, nunca se deciden a ordenar la casa, actividades durante las horas laborales, sustituyéndolas tareas personales o de mayor entretenimiento, la costumbre de posponer, si bien no se ha demostrado cabalmente, puede generar dependencia de diversos elementos externos, tales como navegar en Internet, leer libros, salir de compras, comer compulsivamente o dejarse absorber en exceso por la rutina laboral, entre otras, como pretexto para evadir alguna responsabilidad, acción o decisión.

Este problema de salud no necesariamente está ligado a la depresión o a la baja autoestima. El perfeccionismo extremo o el miedo al fracaso también son factores para posponer, como por ejemplo al no atender una llamada o una cita donde se espera llegar a una decisión.

 

    Según el portal elpais.com presenta 5 consejos para dejar de procrastinar

  1. Ponte plazos

Divide tu jornada laboral en diferentes plazos, o como lo llaman los expertos, cronogramas. Te ayudará saber qué tienes que hacer de 9 a 10:30, qué sigue hasta las dos de la tarde y cuántos mails tienes que dejar enviados. Cumplir con estas pequeñas expectativas te hará sentir eficaz, productivo, capacitado.

  1. Guárdate recompensas para cuando hayas realizado tus tareas

Para cumplir tus propósitos ayuda ubicar una contraprestación a corto plazo una vez satisfechos. Piensa, desde bien temprano por la mañana, qué es lo que más placer te proporcionará al llegar de noche y cansado a casa después de una dura jornada de admirable productividad. Si al final del día has resuelto todos los asuntos pendientes permítete ese pequeño deseo implantado en tu ánimo desde por la mañana.

  1. Piensa en refranes. Te harán sentirte menos culpable (pero no seas tan irritante de decirlos en voz alta).

En él encontrarás calor e inspiración. No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy / Más vale al paso andar que correr y tropezar / A juventud ociosa, vejez trabajosa / El buen cirujano opera temprano/. La lista es larga, casi interminable. Si tú solo no puedes ayúdate de cientos de años de sabiduría popular, no eres el primero en procrastinar.

  1. Dale a cada palabra su significado

Cada palabra lleva la carga suficiente de contenido como para respetarla y que nombrarla siga queriendo decir lo que estrictamente, quiere decir. Vamos a los casos prácticos: si a todos tus mails le colocas la etiqueta de “urgente” y si cualquier proyecto lo necesitas para “ayer”, ni “urgente” ni “ayer” hacen referencia a su significado. De ese modo, el próximo mail que te guiñe un ojo desde la bandeja de entrada de carácter “urgente” o dossier que tenía que haber sido entregado “ayer” podrá esperar dado que ni todo puede ser urgente y nada que verdaderamente sea relevante se puede entregar ayer. Pon el adjetivo y el adverbio que se merece cada plazo, cada proyecto y cada objetivo.

  1. Haz el favor de esconder el móvil

Este es el más complicado de todos. Haz el favor de esconder el móvil en una caja de seguridad y cerciórate de que no tienes el código que la abre. Solo así, de esa manera, serás capaz de no ver cada vez que desbloqueas la pantalla números capicúa, extrañas coincidencias y recolectar el feedback de cada una de las actualizaciones y grupos de WhatsApp que llevas en danza. Solo alejando de ti al demonio podrás dejar de procrastinar y darle a cada minuto y hora el valor que tienen.

Esperamos que estos consejos sean útiles y puedan aplicarlos así mejorara sus estudios y las jornadas laborales serán más productivas.

Anya velásquez

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